El presidente de Boca habló tras el 1-0 sobre River: elogió al cuerpo técnico, respondió a las quejas por el arbitraje y miró el cierre ante Defensa y Justicia.
Juan Román Riquelme, presidente de Boca Juniors, habló después del 1-0 sobre River Plate en el Superclásico de este domingo 1 de noviembre, un triunfo que además le dio al club la clasificación a la Copa Libertadores. En una charla extensa, que recogió Olé, el dirigente celebró el resultado, repasó el momento del plantel y contestó a los reclamos del rival por la conducción del partido.
Una clasificación con ilusión
Riquelme empezó por la jornada en sí, que según contó fue larga porque el partido se jugó temprano. Se mostró contento por haber sumado de a tres y por haber asegurado un lugar en la Libertadores, un objetivo que consideró siempre importante. Recordó que al equipo le queda un último partido de la fase regular, ante Defensa y Justicia, en la Bombonera.
Después habló de la gente. “Da alegría ver al hincha con tanta ilusión”, dijo, y sostuvo que el cuerpo técnico actual y el anterior merecen pelear por todo, porque se entrenan a diario y reciben las críticas más fuertes cuando los resultados no llegan. Según el presidente, cada uno de esos dos ciclos sumó 30 puntos, y entre los dos le permitieron al club quedar clasificado.
Elogios para Arruabarrena y el plantel
Riquelme tuvo palabras para Rodolfo Arruabarrena y su cuerpo técnico. Dijo que hacen un trabajo muy bueno, aunque aclaró que siempre hace falta ganar y que la gente quiere festejar con frecuencia. Contó que conoce al Vasco desde hace muchos años, que compartieron tiempo como jugadores en Boca y en Villarreal, y que creció junto a Markic.
También repasó el esfuerzo del grupo. Recordó que Leandro Paredes se lesionó hace poco y volvió rápido, que Sebastián Villa volvió a jugar una semana después de un esguince frente a Vasco, y que Velasco regresó pronto de una lesión en el aductor. Remarcó, además, que en este semestre llegaron diez jugadores nuevos y que el equipo necesitaba empezar a ganar los partidos parejos.
Hizo un recorrido por los últimos meses, con las dificultades que tuvo el equipo en los cruces directos, entre ellos la eliminación frente a Racing y el sufrimiento ante Católica por la copa. Según su mirada, después de quedar afuera de esa competencia el grupo se hizo más fuerte, y desde entonces gana confianza. Sobre la clasificación en Brasil, afirmó que los jugadores estaban seguros de avanzar.
Su lectura del clásico y las quejas de River
Sobre el clásico, Riquelme habló de un Boca que fue justo ganador. Explicó que los partidos de este tipo suelen ser peleados y con pocos riesgos, y que en este caso hubo pocas situaciones pero todas fueron del local. Agregó que, desde que defiende ese arco, el arquero de Boca no tuvo una tarde más tranquila.
Consultado por los cuestionamientos de River hacia el arbitraje, el presidente dijo que solo puede hablar de su club y que no tiene redes sociales. Defendió la expulsión: explicó que, cuando un delantero queda mano a mano con el arquero y el defensor lo derriba, corresponde la roja sin importar el minuto en que ocurra la jugada. Además, recordó que River sacó a su delantero Beltrán tras esa expulsión. Cerró el tema con una frase: “Siempre el que pierde va a pedir”.
Riquelme sostuvo que, a partir del gol de Lautaro Di Lollo, el partido se puso a favor de Boca, aunque reconoció que al equipo le faltó un poco de claridad. Evitó opinar sobre el presente de River y dijo que prefiere pensar en su propio club.
Lo que viene para Boca
El presidente dijo que está orgulloso de ser hincha de Boca igual que quienes llenan la cancha, y calificó de extraordinario el recibimiento al equipo en la Bombonera. Reconoció que las críticas hacia el club no son las mismas que reciben otros, pero las consideró parte de las reglas del juego.
La agenda inmediata es la visita de Defensa y Justicia, un rival al que Riquelme describió como un equipo que juega bien. Después de ese partido, el plan es descansar y concentrarse en la Copa Argentina, donde Boca se medirá con Banfield, un adversario que el dirigente calificó de duro.